Bienestar

Disciplina con amor

En el momento de tomar la decisión de ser padres, damos la bienvenida a una etapa que sabemos que será para toda la vida, nos llenamos de expectativas, construimos sueños y frecuentemente pensamos en la forma correcta en que deberíamos actuar para tener hijos plenos y exitosos. Pero, ¿Qué pasa realmente en esta etapa?

Al caminar en el maravilloso mundo de la crianza, nos damos cuenta que no todo es como lo esperábamos, nos encontramos con diferentes retos, uno de ellos es el comportamiento de nuestros hijos. En el momento que se presenta un comportamiento inadecuado, como padres buscamos resolverlo de la forma que consideramos más efectiva, regularmente, lo hacemos con las herramientas más conocidas por nosotros, ¡sí!  las que nuestros padres usaron con nosotros; en otras ocasiones, podemos poner en práctica algunos consejos que creemos que funcionaron en otras familias, o bien, utilizar métodos propios. La pregunta básica que debemos tener presente es: ¿Estamos siendo el adulto responsable que nuestros hijos necesitan?

Es importante tener presente que tenemos la capacidad de aprender y de desaprender. Si el caso lo amerita, podemos romper con patrones establecidos, estructurar nuevas y diversas formas de disciplina bajo un ambiente de amabilidad y firmeza.

Mucho se habla de la disciplina con amor, pero es necesario clarificar los pilares de una disciplina saludable, basada en el respeto y enfocada en desarrollar las habilidades de vida de los que más amamos, nuestros hijos.

En este artículo resaltaremos tres principios básicos de disciplina que pueden ayudarte a mantener un ambiente emocionalmente saludable y de benéficio para todos.

Límites saludables

Los límites son fundamentales en la vida, dan estructura, protección y seguridad.

Algunas recomendaciones para tener en cuenta:

  • Escribirlos: Dejarlos anotados y tenerlos en un lugar accesible nos ayudará a tenerlos presentes, mejorarlos cuando sea necesario o adecuarlos de acuerdo a la edad de nuestros hijos.
  • Deben ser claros y definidos: Los límites tienen un propósito y basados en esto, deben ser claros, simples y en un lenguaje sencillo, esto ayudará a tus hijos a comprenderlos y tenerlos presentes.
  • Ser congruentes: Los límites deben estar presentes y ser practicados por los padres. Ten presente que nuestros hijos todo el tiempo nos observan, ellos están aprendiendo de nosotros y nuestro comportamiento les dice más que nuestras palabras. Un ejemplo muy sencillo es el uso del celular, algunos padres limitan el uso del celular a los hijos, sin embargo, es un límite que ellos no cumplen.
  • Establecer los límites en momentos de calma: Es recomendable determinar los límites de manera preventiva, y si se da una circunstancia que amerite agregar un nuevo límite, encontrar el momento adecuado. Si tus hijos son mayores a 4 años, puedes involucrarlos al momento de establecerlos, a los niños y adolescentes se les facilita más cumplir límites que ellos mismos han puesto.

Conexión antes de corrección

Basada en el método de Disciplina Positiva desarrollado por Jean Nelsen y que se fundamenta en la Psicología Individual de Alfred Adler, conectar antes de corregir garantiza a los padres que la corrección deseada es asimilada de mejor forma por los hijos si previamente hay una conexión.

Para esto, un ambiente de seguridad y respeto es esencial. El ser humano responde de forma automática de tres maneras ante un ambiente de peligro o amenaza: a) Huir o correr, b) Congelarse o paralizarse, y c) Defenderse o pelear. Si el niño se siente en un entorno donde está en riesgo (gritos, amenazas, castigo físico), automáticamente responderá de alguna de estas tres formas. Es comprensible que surjan situaciones que desbordan nuestras emociones y lo más adecuado es que como adultos responsables, nos demos el espacio para reconocer lo que estamos sintiendo y tener un tiempo prudente para calmarnos, al estar tranquilos se puede abordar de mejor manera la situación con sus hijos.

Otra sugerencia en este tema es validar lo que el niño está sintiendo, podríamos ayudarlo a identificar la emoción, por ejemplo: “Entiendo que no es un buen momento para ti, me gustaría saber cómo te sientes y lo que necesitas en este momento”, o bien, si la emoción es evidente, podrías mencionarla y decir, “entiendo que te sientes molesto, no debe ser fácil para ti este momento”. Los niños deben sentir la presencia de los padres, una presencia que les brinde seguridad y compañía. Trata de usar frecuentemente palabras o frases que conectan. Todo esto contribuirá para que en el momento de la corrección el niño este más abierto a recibirla y tenga los resultados esperados por los padres.

Amabilidad y firmeza

Para este tema iniciaré con la frase de Jean Nelsen que más me ha confrontado como madre: “¿De dónde sacamos la loca idea que para que un niño se porte bien primero debemos hacerlo sentir mal?”, sí se puede ser amable y firme al mismo tiempo. La firmeza no tiene relación con los gritos, palabras, frases hirientes o castigo físico. Ser firmes está más ligado a tener claros los límites, a la congruencia, a la constancia de un no o de un sí, según el caso; mantenerse en una posición que traerá beneficio tanto para el padre o madre y para el hijo. La amabilidad no es ser permisivo, es más bien enfocarse en el valor del respeto mutuo, es propiciar un ambiente donde puedan expresarse sin temor, sin acusaciones o señalamientos y, de ser posible estar enfocado en soluciones y no en el conflicto.  Nuestros hijos tratarán de movernos hacia la posición o a una respuesta que ellos quieren, por ejemplo, un permiso, alguna salida, o simplemente no realizar alguna tarea o actividad que se les ha solicitado. Como padres debemos mantenernos firmes en lo que se les ha dicho o se les ha solicitado, sin dejar de ser amables. Los niños deben saber que existen consecuencias de sus decisiones y de sus actos, previamente pueden conversar sobre las consecuencias naturales y también acordar algunas consecuencias que tendrán que asumir como parte de la disciplina. 

En la actualidad existen muchos recursos que se pueden obtener: libros, artículos y talleres; selecciona los de tu interés y adecúalos a tus necesidades.  Recuerda que, así como cada familia tiene un diseño único, tus hijos también, así que no todo funciona para todos y es nuestra labor encontrar lo que se ajuste y sea de beneficio para cada uno de tus hijos.

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